Todo el mundo está hablando del iPhone 7, nosotros no

¿Cómo elegimos la tecnología que adquirimos? Cuando sale algo nuevo en el mercado, nos emocionamos y algunas veces nos deslumbramos creyendo que es lo mejor, ¡y queremos tenerlo ya!

¿Es realmente así? ¿Te has preguntado cómo funciona nuestro mecanismo de decisión? ¿Realmente lo que compramos, vale la pena?

Cuando dos cosas ofrecen el mismo nivel de funcionalidad y cubren nuestras necesidades, escogeremos el más barato.

¿Pero qué sucede si uno ofrece mayor conexión que el otro?  Entonces, vale más. ¿A qué nos referimos con conexión? Te pongo un ejemplo: te vas de viaje y buscas un hotel. Empiezas a explorar opciones. Comienzas a hacerte preguntas ¿qué tal estará el servicio? ¿Me tratará bien? ¿Estarán cómodas sus instalaciones? ¿Qué tan amables serán los empleados? ¿Será mejor la comida que en el otro? Esas cosas que se conectan con tus sentidos y hacen de la funcionalidad una experiencia, inclinan tu decisión a invertir en el valor de la experiencia.

¿Pero qué sucede si tus dos opciones te ofrecen la misma conexión, pero uno lo hace con estilo y su atractivo es innegable? Como ese auto deportivo del cual no puedes resistirte a su encanto. O ese hotel de lujo donde sabes que te tratarán como rey. Algunos de nosotros pagaríamos extra si nos ofrecen eso. Después de todo, el estilo promete conectarte más y hacer más disfrutable la experiencia.

Sin embargo, lo que está arriba de todo para tomar tu decisión, es de lo que todos hablan, lo que está en tendencia y que  quieres conseguirlo antes que nadie.

En un mercado como el de los Smartphones, es realmente difícil ofrecer más funcionalidad que la competencia. Así que la conexión con las personas, que es lo que le da valor a un Smartphone, se ha vuelto en torno al diseño y cómo sus aplicaciones se integra en tu vida diaria.

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¿Quién no se resiste a ser de los primeros en tener el último modelo del aparato de moda hoy en día y sentirse sorprendido por las nuevas funcionalidades que ofrece?

¿Qué es lo que ofrece tu empresa? ¿Qué valor dan tus productos? ¿Cómo es la experiencia con tus servicios? ¿Dónde te ubicas dentro de la pirámide de valor?

Así también, pregúntate por un momento tus hábitos de compra.

¿Cómo eliges lo que vas a comprar? ¿Te vas por lo más barato? ¿O prefieres la tranquilidad de la satisfacción de una solución que atienda satisfactoriamente tus necesidades?

Algunos negocios (pequeños y grandes), se preocupan por ofrecer conexión a sus clientes e inclusive estilo, lo que lleva a darle un valor agregado a la funcionalidad que te ofrecen. No los pierdas de vista, rodéate de cosas y personas que te den un valor agregado.

Sé alguien que ofrece un valor agregado.

Cómprate una Harley, no porque te sirva de transporte de un lado a otro, sino porque te hará sentir bien. Así que no lo pienses, únete a la fila para comprar ese nuevo teléfono, porque “Oye, hay una fila”.

Hasta que un día, alguien tendrá la audacia de redefinir “funcionalidad” y todo el ciclo comenzará de nuevo.

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