Uber, la creación destructiva

“La innovación como motor de la economía” – Schumpeter

La tecnología existe para hacer nuestras vidas más fáciles y mejores. Esto es verdad desde tiempos prehistóricos, cuando el hombre inventó la rueda, la imprenta o, más  recientemente, la electricidad, el automóvil, las telecomunicaciones e internet.

No obstante, estas innovaciones han exigido de los hombres y de la sociedad cambios y enfrentamientos con el statu quo. Este proceso, muchas veces, implica dejar atrás tecnologías, hábitos y prácticas antiguas, y, probablemente, las industrias tradicionales se ven afectadas. Eso es lo que el economista austriaco Joseph Schumpeter denomina la creación destructiva, la innovación como motor del modelo capitalista.

Un claro ejemplo de lo anterior y de lo que todos hablan hoy en día es Uber. Que junto con otras aplicaciones tecnológicas en México han hecho replantear los modelos existentes en algunas industrias.

Las diferentes reacciones que ha causado su presencia son diversas: desde descontento y violencia para las más retrógradas y apertura e interés para los más abiertos al cambio. Lo que es un hecho es que a nadie deja indiferente. Se han presentado iniciativas legislativas para reglamentar dicho servicio, se ha desatado polémica sobre los intereses reales que hay detrás, lo que ha generado todo un debate político y legal en torno a esta aplicación. Lo interesante en este caso, ¿se ha analizado a fondo lo que realmente es Uber, el modelo de negocio que presenta y el impacto que está generando?

¿Transporte o tecnología?

En primer lugar, es importante anotar algo que usualmente olvidamos: Uber no es una empresa de transporte y no presta tales servicios. Esto, precisamente, nos muestra que la tecnología es transversal y puede permear cualquier sector e industria. Uber es una aplicación tecnológica que conecta a pasajeros con transportadores. Además, permite, a través del GPS, controlar el recorrido, tasarlo y cobrarlo al pasajero, todo por medio de un teléfono móvil e inclusive optar por pago en efectivo.

Así, Uber viene a suplir, entre otros, los servicios de solicitud de taxi a los que accedíamos mediante teléfono, al taxímetro, a las tarjetas de taxi y al dinero, aportando eficiencia, seguridad, transparencia y comodidad. La tecnología, en este caso, viene a mejorar lo existente y a darnos nuevas alternativas, a incentivar la competencia mediante a una innovación del sector que presta servicios de transporte al cliente.

Hasta ahora, el enfoque que se ha utilizado para analizar este fenómeno ha sido el de examinarlo desde la legislación de transporte, la cual se expidió en momentos en los cuáles internet apenas surgía y no teníamos la menor idea de cuáles serían sus alcances. Por otro lado, los consumidores vemos con pánico los intentos por expedir regulaciones que pretenden imponer barreras de entrada (licencias o permisos) a estas aplicaciones tecnológicas, lo que generaría su prohibición o restricción de uso.

Es evidente que el miedo a lo desconocido y la falta de visión hace que mucha gente ataque sobre un servicio que no trae más que beneficios. Sin embargo, este fenómeno es parte de un proceso natural de adaptación, donde surge el choque que confronta lo antiguo con lo nuevo, para pasar poco a poco a una etapa de estabilización y adopción, donde en algunos años, las siguientes generaciones se reirán al ver tanto alboroto por algo que seguramente será tan común en esos días.

El cambio es constante, continuo e imparable. Así también para la economía de nuestro país. Es importante estar atentos a estos cambios y adoptarnos de la mejor manera, ya que su único fin es impulsar a crecer y abrirse a más oportunidades.

Más allá de Uber, el hecho de imponer regulaciones tradicionales a las aplicaciones tecnológicas es un gran error e implica un precedente nefasto para la industria de las TIC en México, ya que permitiría imponer restricciones de entrada a nuevas aplicaciones y desarrollos tecnológicos que facilitarían la vida de los mexicanos e impulsarían la competencia y la innovación (como los casos de Netflix y Spotify).

Actualmente, los usuarios, gracias a la tecnología, pueden acceder a mejores servicios, más seguros y de mejor calidad. Para quienes hemos usado Uber, es evidente que esta tecnología nos ha dado beneficios y mejor calidad de vida.

Para crear, a veces es necesario destruir.

Sistemas obsoletos, mentalidades anticuadas, miedos a lo nuevo y otros muchos vicios que detienen el paso inminente de la innovación son elementos que la sociedad debe aprender a vivir sin ellos. Todo beneficio implica un esfuerzo e inversión.

En conclusión, el difícil rol del Gobierno no puede ser el de restringir o impedir aplicaciones, sino promoverlas y no siempre la regulación es la mejor forma de hacerlo.

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